Sin palabras. Dejando aparte el ridículo atuendo tirolés... este chavalín -que tiene nombre, Robin Schlotz- se merienda La Reina de la Noche, de La Flauta Mágica del dios de la música.
Se me ocurren un motón de chistes fáciles con el título de la ópera, pero lo vamos a dejar en que si yo fuese el chaval no dormiría tranquilo sin un detector de metales cortantes cerca.

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